Amador Lobato

Amador creció en Veracruz, donde el amor por los caballos era más que una tradición; era parte de su ADN. Desde pequeño, sus bisabuelos le transmitieron esa pasión, y él la abrazó con el corazón abierto. Pero no se quedó solo con lo que aprendió en casa. Con la curiosidad como guía, se aventuró a la Ciudad de México, buscando nutrir su amor por los equinos en nuevos horizontes. Ahí, rodeado de una comunidad vibrante y llena de vida, Amador se sumergió en todo lo relacionado con los caballos, desde los cuidados más sencillos hasta las competencias más exigentes.

Amador no solo se quedó en los círculos locales. Su talento y dedicación lo llevaron a pisar escenarios nacionales e internacionales, desde elegantes exhibiciones de doma clásica hasta agotadoras pruebas de endurance. En 2018, alcanzó uno de sus mayores logros al representar a México en el Mundial Ecuestre en Tryon, Carolina del Norte.

Pero había algo más que Amador sentía que debía expresar, algo que iba más allá de lo que las palabras podían capturar. Así fue como encontró en la escultura su verdadero lenguaje. Comenzó con pequeñas figuras, y con el tiempo, sus manos dieron vida a imponentes esculturas de tamaño real que capturan la fuerza y la elegancia de sus eternos compañeros, los caballos. Sus obras han tocado corazones en México, Costa Rica, Estados Unidos y más allá.

Hoy, Amador sigue creando, con la misma pasión que lo acompañó desde niño. Cada pieza que esculpe es un homenaje a esos nobles seres que siempre lo han inspirado, recordándonos a todos el poder de los caballos para elevarnos y hacer volar nuestros sueños.